Es domingo y Coney Island es un lugar para pasarlo bien, ¡un parque de atracciones!. Desde la ciudad puedes llegar en metro; familias afroamericanas cargadas con la sombrilla y el flotador se dirigen a la playa. Nosotros nos montamos en el Harlem y cruzamos todo Manhattan hasta llegar alli.

A medida que avanza el viaje vas viendo a la gente como tambien se dirige hacia coney island. El vagon se llena de familias mexicanas con sombrillas, colchonetas, la nevera portatil, etc. Un hombre con una estrella de david enorme colgada del cuello nos pregunta “¿vais a coney island?” nos repite una y otra vez que no nos olvidemos de comer un perrito caliente en Nathan’s (al parecer un aleman empezó a verder salchichas en el paseo de la playa y el tal Nathan’s abrió un negocio colgandose la medalla de invertor del perrito caliente) hoy en dia toda una institución. Entra más gente al tren, una familia numerosa judia ortodoxa, el de la estrella de david se empeña tambien en hablarles pero en un precario hebreo, y no le entienden. Por fin llegamos.

Lo primero que sorprende es el ambiente popular, el parque de tracciones historico y decadente, el paseo maritimo con olor a comida rapida grasienta, los puestos de colchonetas y flotadores…

El parque de atracciones es de principios del siglo XX, la joya es el “cyclone”, una montaña rusa de hierro y madera tambien llamada “rompe cuellos” ( esto lo supumos después de montarnos, ya con el cuello roto…). He de reconocer que el sonido del traqueteo de la madera me cautivó, pero nos dejó la espalda partida.

La playa de coney island los domingos de verano está abarrotada de gente chillando, sobretodo en spanglish “Give la pelota, ahorita!”, “cuidado con diving!”. Imposible aburrirse. Un baño en el mar y el sol empieza a caer. 

 La gente se dirige al paseo a comer y comer, Nathan’s está a tope, pedimos ración pequeña de patatas fritas con queso chedar, nos dan la ración grande, me parece que ni tienen envase para la pequeña, esto nos pasara a lo largo del viaje, da igual lo que pidas, te servirán grande. El queso chedar es algo a evitar, una masa naranja y grasienta que ni sabe a queso.

Antes de coger el metro de vuelta para el Harlem, nos encontramos un “Freak Show”, a la entrada un señor nos anuncia “pasen y vean! la mujer tatuada, el tragafuegos, la tragasables, , el hombre con dos dedos, la mujer electrica…” entramos, un espectaculo retro-marinero, muy divertido, muy underground.

 Ya de vuelta en la estacion, hay bastantes borrachos, hablan ruso, no aciertan a meter el billete en la maquina. Dentro del tren la gente tambien va borracha. Una señora d 200 kilos completamente borracha come patatas fritas mientras la migas se le caen en el escote, éstas tambien las recoge y se las come. Despues de muchas risas con un niño éste se acaba asustando, ella vomitando.

Una mujer da de mamar a su bebe, mientras sus amigas cambian el pañal a sus hijos. El pañal lo tiran por la ventana. El aire acondicionado esta muy frio, nos echamos las toallas de la playa por encima y nos entra el sueño…

Espero volver a coney island antes de que la especulacion inmobiliaria acabe con ello y lo conviertan en un barrio de lujo junto al mar con otro centro comercial, puesto que es lo que el alcalde tiene proyectado:

 

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 En Europa a veces nos cuesta creer que en EEUU también hay voces críticas contra su propio sistema. Esta bandera se puede convertir en … LA BANDERA DE…

Una mañana desayunando en Santa Fé, Nuevo México, tuvimos una acalorada discusión (especialmemte Ekain) con un señor que mantenía que el poder de cambio politico social está en manos de las personas, tal y como hicieron el los 60 y 70. Desde entonces ha llovido mucho y las barras y estrellas han pasado a segundo plano y cualquier logotipo de los de ahí arriba ahora tienen El Poder en todo el mundo. Aquella discusión fue subiendo de tono como él no se hubiera podido imaginar. La gente en este país suele mantener las “formas”.

Una mujer que conocimos en un rodeo, Gail, ranchera de Arizona, sabiendo del poder que tiene la fotografía me pidió que contara lo bueno y lo malo de su país. Ella estaba convencida de que vivía en el País de la Libertad porque entre otras cosas habia podido enterrar a su hija en su propio rancho. A su hija la mataron en el corredor de la muerte en Nueva Inglaterra y se negaron a darle un funeral y entierro.

El País de la Libertad.

Paredes, techos, suelos( por supuesto), en ascensores, casinos, moteles, hostales, boleras, en el norte, en el sur, este, oeste, baños, cocinas…cualquier lugar es bueno y apropiado para poner una moqueta, el lago michigan o el cañon del colorado. El País de la Moqueta.

sala de billar, Casa de Elvis, Memphis

¿Porqué encontramos placer visual cuando reconocemos algo que ya hemos visto en el cine? quizás queramos comprobar que así es en realidad, tan grande o tan pequeño, tan bonito e impresionante como nos lo han contado en las peliculas o en la publicidad turistica. Ante las espectativas tambien puede decepcionar, pero no es caso de New York, esta megaciudad puede hacer retrasar tu salida de vuelta, un dia más y otro dia más…acabas siendo seducido, por la arquitectura, su gente, el ambiente de ajetreo, los taxis amarillos, las escaleras de incendios, las puestas de sol frente a new jersey, haarlem, el puente de brooklyn, coney island…

midtown, NY

desde el Empire State Building

Soho

 

No lo puedo evitar, cada vez que veo una caravana, empiezo a viajar…pensando a donde iría esta vez. Cuando acabas de volver de un viaje es todavia peor, solo piensas en ponerte en marcha otra vez y coger ese ritmo imparable que empieza al cuarto dia de viaje. Como explica John Steinbeck en “Viajes con Charlie, en busca de América” es algo incurable con los años.